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Gamificación

Esta es la segunda entrada en las que comparto algunos consejos para estudiar, de una serie de ocho.

2- Prestar más atención a las horas de estudio de las asignaturas más tediosas.

Me parece que esto se auto-explica. Muchas veces tenía que hacer rejuegos con las horas de estudio, saltarme algunas o afectar otras. Trataba de que esto no sucediera en perjuicio de las horas de estudio de las materias que me resultaban más difíciles, delicadas o exigentes. Por ejemplo, nunca fui un estudiante sobresaliente en asignaturas de matemáticas, física, cálculo o ingeniería eléctrica, y por lo tanto trataba de cumplir con sus horarios de estudio.

Se me hacía entonces más fácil recuperarme de aquellas materias que más disfrutaba que de aquellas que me resultaban más tediosas. Esto lo complementaba con no dejar lagunas ni dudas en las clases y de ser más organizado con estas que con las demás.

En ocasiones estaba bien concentrado haciendo algún ejercicio o práctica en los que tenía ya varias horas trabajando; a pesar de estar quizá a media de terminar, si ya cumplí con el tiempo designado para esta materia lo dejaba ahí y continuaba con la siguiente asignatura. Como en esa semana tendría otra oportunidad de retomar esa asignatura y seguir con ese trabajo esto no me preocupaba.

Para tratar de vencer la pereza que da estudiar materias tediosas, se pueden hacer dinámicas de estudio grupal, consultar al maestro o maestra para cierta orientación, buscar otros recursos diversos que faciliten su estudio como vídeos, simuladores o vídeojuegos. Siempre hay otra forma de abordar el estudio, y para esto puede ser de mucha ayuda identificar de qué forma nos gusta más estudiar y aprender.

Hoy en día, cuando me toca dar alguna clase que es aburrida trato de pensar más allá de lo que veo (“think out of the box”), y estudio a mis estudiantes para ver con qué cambio los mantengo motivados. Por ejemplo, con la gamificación es posible incorporar componentes y características propias de los juegos para trabajar temas aburridos o difíciles; quizá uno como estudiante pueda dividir una lección en sub-temas e imaginarse que son niveles de un juego que hay que ir superando, o darse mini-recompensas cuando uno alcance ciertas competencias u objetivos. Por ejemplo: “cuando me aprenda estas fórmulas, saldré a la cafetería y me regalaré un helado”, o “si logro resolver todos estos ejercicios sin cometer un solo error, veré un episodio de el ánime que tengo pendiente”, o cosas así.

Otra idea tomada de la gamificación que puede funcionar es la de establecer insignias. Uno mismo puede auto-asignarse insignias según uno vaya avanzando. Ejemplos de auto-insignias que se me pueden ocurrir en el momento: “soy el veloz”, “soy el comprometido”, “soy el perseverante”, “soy el efectivo”, etc. El objetivo de todo esto es jugar con nuestras mentes para que sea más relajado abordar asuntos frente a los cuales de por sí ya ofrecemos cierta resistencia.

Finalmente, algo más que se puede resolver es hacer un listado de objetivos que queremos lograr en una determinada sesión de estudio, anotar esos objetivos en un lugar visible e ir estudiando concentrado en cumplir las metas en el tiempo de estudio establecido. Algo muy importante a la hora de redactar estos pequeños objetivos de estudio es que los mismos sean medibles, observables y realistas. Tratar de que al leerlos entendamos específicamente qué es lo que pretendo lograr para cuando lo cumpla saber que ya estoy listo.

Entiendo que si combinamos estas ideas estamos siendo más proactivos frente al problema y podremos abordar mejor estas materias que suelen ser aburridas.

 

1 noviembre, 2015

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