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Normalmente soy yo quien elabora el programa de las asignaturas que imparto. Para ello, tomo en cuenta los objetivos del plan de estudio al que se subordina e identifico cuáles de esos están relacionados con mi materia para redactar los específicos de la asignatura. Si es por competencias, identifico los niveles de dominio de las competencias específicas de la titulación para redactar las competencias específicas de la asignatura.

Una vez tengo los objetivos o competencias redactados, los clasifico según taxonomías y me aseguro que la acción es específica y realizable. Verifico que estoy trabajando a los niveles apropiados según lo esperado de la materia y hago los cambios de lugar antes de continuar. Entonces, le asigno unas ponderaciones para asegurarme de no dedicarle a cada propósito más del tiempo apropiado.

Para desarrollar los contenidos, consulto programas de otras universidades, ubico libros y materiales de referencia, y me concentro en los objetivos o competencias que necesito trabajar para seleccionar o descargar un tema o tópico. En este punto también hago una relación entre objetivos y contenidos para identificar cómo iré distribuyendo los objetivos a través del contenido de la asignatura.

Luego, en un nivel intermedio de planificación, selecciono las técnicas más apropiadas para mis estudiantes y para la asignatura. Les doy ponderaciones e indico en cuáles temas de la materia utilizaré cada una. Es en este punto donde me organizo con las fechas de inicio y fin de las clases y las fechas feriadas.

Ponderación de técnicas de evaluaciónPonderación de técnicas de evaluación

Ponderación de técnicas de evaluación

Antes de empezar con la agenda, acostumbro a elaborar una pequeña matriz para garantizar que hay una coherencia entre las ponderaciones de las técnicas de evaluación y las ponderaciones de los objetivos, competencias, o unidades didácticas de la asignatura (temas), según más me convenga. Esto para evitar abusar de una técnica de enseñanza-aprendizaje en todos los objetivos o en todas las unidades didácticas. Son cosas de estrategia.

Una vez trabajado lo anterior, sí me enfoco finalmente en la agenda. Coloco las fechas de cada clase y voy asignando los contenidos que trabajaré cada día. Luego, asigno las técnicas (tanto de evaluación como de enseñanza-aprendizaje) y ya lo que me queda es hacer la planificación del día a día. Luego de que la agenda está lista paso todo al programa didáctico que le entrego a los estudiantes y diseño/implemento el entorno virtual de aprendizaje. Normalmente utilizo Moodle. Tengo mi propia distribución en un servidor propio que mantengo actualizada y bien ajustada a mis necesidades, aunque la comparto con cualquier profesor que la necesite.

En un nivel bajo, digamos que una planificación operativa (del día a día) lo que hago es elaborar un plan de lección.

Para mis planes de lección, tengo ya una plantilla elaborada donde pongo el nombre de la asignatura, el nombre de la lección, la duración, el propósito de la lección y los objetivos o competencias que pretendo trabajar en la lección. También, en esa misma página de portada coloco los puntos principales que no se me pueden escapar y los materiales y equipos que necesito tener a mano para impartirla.

En las siguientes páginas coloco una sección para la introducción (donde escribo cosas como saludar a los estudiantes, pasar la lista y presentarme), el desarrollo (donde escribo el cuerpo de mi lección, indicaciones generales del orden del día, actividades que realizaré, etc.), el repaso, la evaluación (donde enumero las técnicas de evaluación que utilizaré para esta lección de forma que no se me escape mencionárselas a mis estudiantes, sobretodo las que están en Moodle) y el cierre (donde indico que tengo que darles las gracias a todos por los aportes y alguna reflexión final relacionada con la lección).

En el bloque de desarrollo de mi plan de lección muy ocasionalmente pongo apuntes sobre el manejo del tiempo, para no durar mucho tiempo en una tarea o actividad específica.

Planificar es algo que me lo tomo muy en serio, dado que soy una persona un tanto organizada. Me gusta tener todo listo antes de llegar al salón, pero también dejo mi espacio para la creatividad y la variabilidad en mis sesiones de clases. Muchas veces no le hago caso estricto a lo planificado y quizá cambio cosas dependiendo del estado de ánimo de mis estudiantes o de sus actitudes o aptitudes frente a lo que se plantea aprender. Pero esto último es tan ambiguo y complejo que no podría redactarlo en esta entrada.

Para evaluar algunos proyectos o trabajos grandes, subjetivos o complejos, acostumbro a tener unas rúbricas que sirvan como guía para que tanto los estudiantes como yo estemos sintonizados en el mecanismo que usaremos para medir los logros.

Toda esta planificación es mi forma personal de realizar un diseño instruccional para mi día a día, pero también tengo elaborada una guía exclusiva para el diseño instruccional que es un tanto más amplia y detallada; esta guía es la que yo utilizo para enseñarles a mis estudiantes cómo planificar profesionalmente sus propias clases. Me encantaría en alguna próxima entrada de este blog comentar sobre ella también.

Miguel Moronta
Miguel Moronta
Profesor en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra - PUCMM, Oficial de la Defensa Civil y Consultor de las Naciones Unidas (Miembro UNDAC).

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